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Francis Halzen, Nobel de Física 2026 por desvelar los secretos de los neutrinos desde la Antártida

El científico belga fue reconocido por su liderazgo en el desarrollo del observatorio IceCube, que utiliza el hielo antártico como detector para captar partículas subatómicas de origen astrofísico y alta energía.

La Real Academia de Ciencias de Suecia otorgó el Premio Nobel de Física 2026 al científico belga Francis Halzen, destacando sus contribuciones decisivas al desarrollo del Observatorio de Neutrinos IceCube. Este reconocimiento subraya la importancia de sus aportes para el descubrimiento de neutrinos de alta energía provenientes de fenómenos cósmicos violentos.

Halzen, actualmente profesor distinguido en la Universidad de Wisconsin-Madison, planteó la idea pionera de utilizar el inmenso y transparente hielo antártico como un gigantesco detector natural de neutrinos. Esta partícula subatómica, esquiva y difícil de observar, atraviesa la materia sin apenas interactuar, lo que la convierte en un mensajero ideal para estudiar regiones del universo inalcanzables mediante la astronomía tradicional basada en la luz.

El observatorio IceCube, construido a gran profundidad en el hielo del Polo Sur, emplea miles de sensores de luz para registrar las débiles señales que producen los neutrinos al colisionar con núcleos atómicos. La detección de estas partículas de muy alta energía, provenientes de fuentes astrofísicas lejanas, ha abierto una nueva ventana para comprender los procesos más energéticos del cosmos y ha dado inicio a la astronomía de neutrinos.

Francis Halzen: del CERN al Polo Sur para observar el universo

Francis Halzen, nacido en Bélgica en 1944, desarrolló la mayor parte de su carrera académica en la Universidad de Wisconsin-Madison. Desde la década de 1970 se convirtió en una figura clave en la física de rayos cósmicos y astropartículas, enfocando sus investigaciones en el estudio de los neutrinos. Su visión para aprovechar el hielo antártico como detector de estas partículas comenzó a materializarse con el proyecto AMANDA, precursor de IceCube.

La construcción de IceCube, finalizada en 2011, ocupó un kilómetro cúbico de hielo y demostró la viabilidad de su concepto. En 2013, el observatorio logró una evidencia clara de neutrinos de altísima energía originados fuera de la Vía Láctea, un hito que consolidó la astronomía de neutrinos. Halzen recibió numerosos reconocimientos a lo largo de su carrera antes de sumar el máximo galardón científico.

El hielo antártico, un aliado insospechado para la ciencia

La elección del Polo Sur como emplazamiento para el Observatorio IceCube resultó fundamental. El hielo profundo de la Antártida ofrece una oscuridad constante, una estabilidad geológica excepcional y una mínima interferencia de otros elementos, condiciones ideales para captar las sutiles señales luminosas generadas por las interacciones de los neutrinos. La existencia de una estación de investigación preexistente facilitó la logística y el trabajo del equipo científico.

Este descubrimiento no solo valida el ingenio de Francis Halzen, sino que también redefine las herramientas para explorar el universo. Los neutrinos, al no ser desviados por campos magnéticos y atravesar la materia con facilidad, proporcionan información directa sobre los violentos orígenes de los rayos cósmicos, abriendo un nuevo capítulo en la comprensión de los fenómenos más extremos del cosmos.

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