Trends | Afganistán | Talibán | talibanes

Los primeros relatos tras conquista del Talibán a Afganistán

Éxodos masivos, miseria, hambre y anulación de libertades ciudadanas reportan las poblaciones tomadas de Afganistán por el Talibán

Ishkamish, ubicada en la región montañosa de Hindu Kush, en Afganistán, es un área clave en la frontera que el Talibán ha tomado para su control, después de que la OTAN sacara las 10.000 tropas que tenía en la zona. El grupo fundamentalista tomó el distrito luego de intensos combates con fuerzas gubernamentales aparentemente no preparadas.

Cuando comenzó la toma de la región, la gente comenzó a encerrarse en sus casas pero los talibanes lograron tomar control de cada lugar y los locales no pudieron escapar de ellos, mientras que militantes islamistas comenzaron a deambular por las calles en la mañana y en la tarde y algunos comenzaron a tocar las puertas para pedir comida.

Las personas les daban lo que tenían por miedo de ser atacados. "Cada casa ahora mantiene tres o cuatro panes o platos de comida para ellos y además, si los militantes quieren quedarse en las casas, lo pueden hacer”, relata Jan, uno de los habitantes del lugar y que se dedica a vender frutas.

Mientras el Talibán resurgía en junio en Afganistán, sus militantes consiguieron, a través del miedo, más que comida y un lugar para dormir. Los derechos sociales y económicos alcanzados durante los últimos 20 años se acabaron de repente. "Hay muchas restricciones ahora. Cuando salgo tengo que llevar la burka, como me lo ordenan los talibanes, y un hombre me tiene que acompañar", dice Nooria Haya, partera de la localidad.

Un grupo dentro de los talibanes llamado Amri bil Marof (literalmente: Orden de los Buenos) hace cumplir las normas de socialización. Sus castigos fueron los que llenaron de miedo a los afganos en la década de los 90. Ahora de nuevo están imponiendo su ley de dos fallos: primero es una advertencia, segundo es un castigo: humillaciones públicas, prisión, palizas, latigazos.

"De repente, nos han quitado la mayoría de las libertades", dice Nooria. "Es tan difícil. Pero no tenemos otra opción. Son brutales. Tenemos que hacer lo que digan. Están usando el Islam para sus propios fines. Nosotros mismos somos musulmanes, pero sus creencias son diferentes".

Mientras los talibanes aumentan su control, las personas comenzaron a dejar sus hogares, donde se habían refugiado. Muchos de ellos nunca habían visto la forma en la que los talibanes repartían justicia y gobernaban las zonas que estaban bajo su dominio. "Toman decisiones rápidamente sobre asuntos como el crimen", dice Asif Ahadi, taxista que hasta hace poco vivía del turismo. "No hay burocracia, ni trámites burocráticos; todo tipo de problema se puede resolver en días, y nadie puede impugnar ninguna decisión".

Con el colapso del gobierno Afgano y la toma de Kabul por parte del Talibán, se teme que estas historias sean cada vez más comunes en el país de más de 39 millones de personas.

Dejá tu comentario