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La pelea global por regular la IA se traba en Argentina: más de 100 proyectos sin avance

Empleados de grandes desarrolladoras de IA alertan sobre riesgos y piden desacelerar el desarrollo, mientras en el Congreso argentino más de cien iniciativas para su control no prosperaron.

Las advertencias sobre los riesgos inherentes al rápido desarrollo de la inteligencia artificial (IA) han encendido las alarmas a nivel mundial. La renuncia de empleados de empresas líderes del sector, quienes denuncian una competencia desmedida por alcanzar modelos cada vez más potentes sin garantías de control, y los propios llamados de CEOs a desacelerar el avance tecnológico, reavivaron el debate sobre la necesidad de establecer marcos regulatorios claros.

En este contexto, Argentina se encuentra en una encrucijada similar a la de otros países. Si bien la preocupación por la protección de datos, el derecho a la imagen y los usos maliciosos genera consenso entre diversos bloques políticos, la discusión de fondo sobre si cualquier regulación puede frenar la innovación y las inversiones termina por bloquear hasta los proyectos con acuerdos mínimos. Esto se refleja en el Congreso nacional, donde se han presentado más de un centenar de iniciativas vinculadas a la IA, ninguna de las cuales ha logrado convertirse en ley.

Los proyectos presentados abarcan desde marcos generales que discriminan según niveles de riesgo y prohíben usos peligrosos, hasta regulaciones acotadas a temas puntuales como el uso de datos personales, la manipulación de procesos electorales o la producción audiovisual. Sin embargo, la postura del oficialismo, que apunta a la promoción y desregulación en lugar del control, sumada al debate sobre el posible impacto en el desarrollo y la innovación, ha paralizado el avance legislativo. La diputada Silvana Giudici, por ejemplo, sostiene que regular en un país en vías de desarrollo sería contraproducente y aboga por mejorar la protección de datos personalísimos y buscar esquemas de gobernanza supranacional.

La Argentina y su enfoque de desregulación

La diferencia de enfoques en cuanto a la regulación de la inteligencia artificial queda evidenciada en las distintas iniciativas. Mientras algunos legisladores como Daniel Gollán (UxP) impulsaron marcos generales con niveles de riesgo y la creación de una agencia estatal de control, el oficialismo y sus aliados rechazaron tales propuestas por considerarlas perjudiciales para el desarrollo. La diputada Silvana Giudici (La Libertad Avanza) enfatiza la necesidad de no imponer grandes regulaciones en un país con desarrollos incipientes de IA, priorizando en cambio la protección de datos.

Por su parte, el diputado Juan Brügge (Provincias Unidas) cuestiona los mitos que asocian la regulación con el freno al desarrollo y la inversión, citando como ejemplo la regulación de internet y la protección de datos en Europa. El diputado socialista Esteban Paulón también señala la dificultad para avanzar, incluso en temas con consenso aparente, debido al discurso predominante que vincula la regulación con la ralentización del desarrollo tecnológico.

Modelos de regulación en el mundo

A nivel global, existen diferentes enfoques para abordar la regulación de la IA. Luis Lozano, investigador de la UBA, identifica tres modelos principales: Estados Unidos, Europa y China. En Estados Unidos, históricamente se promovió la autorregulación empresarial, aunque con un fuerte marco antimonopolio. Sin embargo, la administración Trump adoptó una postura de no regulación directa, priorizando la carrera tecnológica frente a China y confiando en la legislación penal existente para abordar problemas puntuales.

La Unión Europea, en cambio, aprobó hace dos años un ambicioso reglamento que clasifica la IA por niveles de riesgo, desde la prohibición total en áreas críticas como infraestructuras energéticas o sistemas de armas nucleares, hasta niveles de bajo riesgo sin regulación, como los filtros de spam. Este reglamento impone obligaciones y requisitos de seguridad, con sanciones para las empresas incumplidoras, y ha sido adoptado o está en debate en varios países miembros. China, por su parte, centraliza la regulación en el Estado, implementando normas sectoriales para contenido sintético, IA generativa y algoritmos, y exige el registro y evaluación previa de los modelos de IA ofrecidos al público.

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