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Jane Fonda: del rancho de 900 hectáreas en Nuevo México a la protección ambiental

La actriz vendió en 2015 Forked Lightning Ranch, una propiedad de 930 hectáreas donde se refugió tras su matrimonio con Ted Turner. Hoy, 902 hectáreas de esa finca se conservan de forma permanente.

La reconocida actriz Jane Fonda adquirió en el año 2000 el rancho Forked Lightning, ubicado en Nuevo México. La propiedad, que se extendía por unas 930 hectáreas y estaba atravesada por el río Pecos, se convirtió en un refugio personal para Fonda, especialmente tras su separación del empresario Ted Turner. En la finca, construyó una residencia principal que denominó River House, diseñada para integrarse al paisaje histórico de la región.

Durante su tenencia, que se prolongó por aproximadamente 15 años, Fonda restauró edificaciones existentes y añadió nuevas construcciones, como una hacienda para huéspedes, una vivienda adicional, la casa del encargado y un centro ecuestre con doce boxes. La actriz también incorporó sistemas de eficiencia energética, incluyendo paneles solares y reutilización de aguas grises, buscando respetar la arquitectura original y la sostenibilidad del entorno.

Tras más de una década, Fonda decidió vender el rancho en 2014. La propiedad salió al mercado por un valor cercano a los 19,5 millones de dólares. Si bien el precio final de la operación, concretada en septiembre de 2015, nunca se hizo público oficialmente, el legado de la finca trasciende la transacción inmobiliaria.

El legado de Forked Lightning Ranch: protección ambiental permanente

Posteriormente a la venta, una parte significativa de Forked Lightning Ranch quedó bajo protección jurídica. Unas 902 hectáreas de la propiedad, que incluyen hábitat natural, tierras agrícolas, el paisaje y casi seis kilómetros y medio del río Pecos, se encuentran ahora bajo un régimen de conservación permanente. Esta medida, iniciada incluso mientras Fonda aún era dueña, impide la fragmentación del terreno mediante futuras subdivisiones.

La protección legal asegura que los valores ambientales y productivos de la finca se mantengan a lo largo del tiempo, incluso si la propiedad cambia de dueños en el futuro. El proceso de establecimiento de servidumbres de conservación comenzó en 2010 y se amplió en varias etapas hasta 2018, ya bajo la titularidad de los nuevos propietarios, Scott y Kimberley Sheffield, según documentación del New Mexico Land Conservancy.

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