Una formación rocosa en forma de barco, conocida como Durupinar y ubicada en las montañas de Turquía, es analizada por arqueólogos internacionales como un posible vestigio del Arca de Noé. Los especialistas sugieren que la estructura, de aproximadamente 4300 años de antigüedad, no sería una formación geológica natural sino una obra artificial destinada a salvar especies del diluvio universal relatado en la Biblia.
Arqueólogos identifican posible Arca de Noé en Turquía tras 4300 años
Una estructura en forma de barco en la Formación Durupinar, investigada por científicos, podría ser el Arca de Noé fosilizada que salvó a las especies del diluvio universal, según nuevas evidencias.
Investigaciones recientes con escaneos de radar y perforaciones han revelado capas estructurales, líneas rectas e intersecciones en ángulo recto bajo la vegetación y sedimentos que cubren el montículo. Estos hallazgos descartan la teoría de que se trate de un bloque sólido de piedra caliza moldeado por la erosión y sugieren la intervención humana.
Andrew Jones, fundador de Noah’s Ark Scans, afirmó que las nuevas evidencias son “irrefutables” y que la Formación Durupinar representa los “restos enterrados del Arca de Noé”. La datación de los rastros encontrados sitúa el posible hallazgo en el período Calcolítico, coincidiendo con el surgimiento de las primeras grandes civilizaciones y evidencia de cambios climáticos radicales.
Evidencia de intervención humana bajo la montaña
Los análisis de radar en la Formación Durupinar, ubicada cerca del Monte Ararat, han detectado bajo la superficie lo que parece ser madera petrificada. Lauren Witzke, directora de marketing de Noah’s Ark Scans, explicó al Daily Mail que la capa superior expuesta está en descomposición, pero las capas inferiores podrían estar intactas, conservando la fragilidad esperada de madera de 4300 años.
Si bien la mayoría de los geólogos y arqueólogos consideran la montaña como una formación natural, los investigadores del Arca argumentan que las lecturas de radar, las muestras de núcleos y la cerámica hallada en las cercanías justifican una nueva etapa de investigación para confirmar su origen artificial.
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