La actriz Jenny Williams transita un presente de renacimiento escénico, luego de superar un arduo período de dos años marcado por un diagnóstico médico erróneo que le impidió moverse con normalidad. La intervención quirúrgica en sus pies, que prometía una recuperación rápida, se convirtió en una pesadilla de dolor crónico e inmovilidad, poniendo en jaque su carrera y su bienestar.
Jenny Williams: del drama médico a renacer en el teatro
Tras dos años de inmovilidad por un mal diagnóstico y dolor crónico, la actriz recuperó su movilidad gracias al pilates y hoy protagoniza una comedia a sala llena en Buenos Aires.
Hoy, a sus 40 años, Williams reflexiona sobre aquella experiencia límite que, paradójicamente, la transformó. El descubrimiento del pilates, casi por casualidad a través de un libro, se convirtió en la herramienta clave para recuperar la fuerza y abrirle las puertas a una nueva pasión profesional, mientras reconstruía su vínculo con el movimiento y su carrera artística.
Su regreso a los escenarios argentinos es con “La bomba”, una comedia de Juan Paya, dirigida por Gabi Villalba, que se presenta con funciones a sala llena en el Teatro El Grito. Este presente teatral marca un punto de inflexión tras años de residir entre México y Argentina, explorando su faceta como cantante en hoteles de lujo en el Caribe.
El camino de la recuperación y el regreso al escenario
La carrera de Williams, marcada por roles en ficciones exitosas como “Casi Ángeles”, “Floricienta” y “Graduados”, sufrió un parate que la llevó a mudarse a México. Allí, en Tulum, encontró una faceta como cantante, pero el destino le deparaba un desafío mayor: un dolor constante en los pies, producto de un problema congénito y una mala mecánica al pisar, sumado a una cirugía que, según los especialistas, no era necesaria.
“Fue una tortura de dos años”, describe Williams sobre el dolor crónico que la acompañó, limitando sus actividades cotidianas y afectando su ánimo. La imposibilidad de caminar sin padecerlo la llevó a pensar que nunca recuperaría su movilidad. Fue en ese contexto que el pilates apareció como una luz de esperanza, a través de la lectura de “La biblioteca de medianoche”. La práctica del reformer se volvió decisiva para recuperar musculatura y, eventualmente, poder usar zapatos comunes e incluso con un poco de taco, un gesto que para ella representó la magnitud de su recuperación.
De la actuación a la pasión por el movimiento
Esta experiencia de superación personal no solo le permitió reencontrarse con su cuerpo, sino que también la impulsó a convertir el pilates en una profesión. Hoy, con su propio estudio llamado Moon, busca acompañar a otras personas a través del movimiento, definiéndolo como “un acto de amor propio”. Paralelamente, sintió la necesidad de regresar a Argentina, su país natal, para reactivar su carrera actoral. La oportunidad llegó con “La bomba”, una obra que la conquistó desde la primera lectura y que hoy celebra funciones agotadas, consolidando su regreso a la actuación con una madurez y experiencia enriquecidas por sus vivencias.
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