Rosario Central alzó la Supercopa Internacional 2026 tras vencer a Estudiantes por 3-1 en un partido que se tornó escandaloso. La final, disputada en Santiago del Estero, culminó con incidentes entre jugadores y cruces picantes que opacaron la consagración del equipo rosarino.
Rosario Central campeón de la Supercopa en un final escandaloso ante Estudiantes
Con doblete de Di María y un gol agónico de Julián Fernández, el Canalla se impuso 3-1, pero el partido terminó envuelto en golpes y protestas dirigidas al árbitro Darío Herrera.
El encuentro tuvo un desarrollo cargado de tensión desde el inicio, marcado por las demoras en la llegada de los micros de hinchas de Estudiantes y un clima previo que recordaba a un pesaje de boxeo. Las decisiones arbitrales de Darío Herrera, con la asistencia del VAR, jugaron un papel central en el descalabro del partido.
Alexis Castro abrió el marcador para Estudiantes al minuto de juego, pero Ángel Di María, con un golazo de tiro libre y un penal convertido, reversible el resultado. En el complemento, Julián Fernández selló el 3-1 final, desatando la polémica y los incidentes en el túnel hacia los vestuarios.
El arbitraje de Darío Herrera, en el centro de la polémica
Las decisiones del árbitro Darío Herrera fueron el principal foco de descontento, especialmente para el lado de Estudiantes. Al minuto de juego, Alexis Castro adelantó al Pincha tras una jugada por izquierda. La remontada de Central comenzó con un magistral tiro libre de Ángel Di María al palo izquierdo de Fernando Muslera. La controversia mayor llegó sobre el final del primer tiempo, cuando Leandro González Pírez cometió una falta sobre Enzo Copetti en el área. Tras una revisión del VAR, se sancionó un penal que Di María cambió por gol para el 2-1, a pesar de que las repeticiones no mostraban un contacto concluyente.
La situación se agravó en el segundo tiempo. Se reclamó una segunda amarilla para Elías Verón, de Estudiantes, que no fue sancionada, y una posible mano dentro del área de Rosario Central que el árbitro y el VAR ignoraron. Estos fallos, sumados a la falta de fluidez en el juego por las lesiones y las interrupciones, terminaron de desvirtuar el partido.
El escándalo tras el pitazo final
La tensión acumulada explotó en los minutos finales y en los festejos. Se produjeron golpes de puño y una trifulca generalizada que involucró a jugadores y suplentes de ambos equipos. Ante la magnitud de los incidentes, que continuaron en la entrada a los vestuarios, Darío Herrera exhibió la tarjeta roja pero no la mostró, dejando el final del encuentro en un limbo. Juan Sebastián Verón, presidente de Estudiantes, increpó al árbitro al final del partido, a quien acusó de ser el responsable de la situación.
A pesar de la violencia y las protestas, Rosario Central se consagró campeón. El equipo platense, visiblemente fastidiado, regresó a la cancha para la premiación, pero el espíritu deportivo se había perdido mucho antes de que el árbitro diera por terminado el encuentro.
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